Sin formación ni experiencia previa como profesor, Benjamín consigue un trabajo en un instituto secundario de las afueras de París, tras quedarse sin beca como estudiante de doctorado. Siguiendo el consejo del resto de los profesores, comienza a buscar tutoriales en internet que le ayuden a lidiar con el escaso interés y la atención fluctuante de un grupo de adolescentes. Para ello, primero deberá descubrir si en él hay un deseo real de trasmisión de conocimiento. La película dirigida por Thomas Litti radiografía los desafíos del actual sistema educativo, a la vez que nos conmueve con el lado más humano de un grupo de profesores que ven sitiadas sus vidas privadas por una tarea que se desborda más allá del horario escolar, en un esfuerzo por suplir una falta crónica de recursos y un exceso de conflictos que la sociedad vuelca en las aulas.

¿Cómo despertar en el alumno el deseo de aprender, cuando el deseo de enseñar del maestro se ve permanentemente amenazado por un sistema que lo destituye continuamente de su función social?
Hoy a los profesores se les pide que hagan sus clases entretenidas. La cuestión es que entretener no es lo mismo que interesar. Lo que divierte muchas veces distrae, y puede no ser muy eficaz a la hora de despertar la curiosidad, y mucho menos el deseo de saber.
Tras su excelente trilogía fílmica sobre el mundo de la sanidad, el cineasta francés Thomas Lilti, médico y de familia de profesores, ahora se lanza a presentarnos el caso clínico de la educación en Francia a través de su última película “Un métier sérieux” (‘Los buenos profesores’ en España), que escenifica los desafíos que la época presenta a la educación.

La historia se cuenta desde la perspectiva del profesorado, al que muestra arrinconado entre un sistema que sólo le exige eficacia en términos de rendimiento, pero sin brindarle soporte, y las redes sociales con las que hoy compite como referente del saber. Roto el ascensor social que antaño representaba la educación, las aulas pierden su brillo y se vuelven depósitos donde se vuelcan frustraciones, agresividad y muchas formas de violencia que produce el actual sistema socioeconómico. Esta realidad provoca bandos: profesores versus alumnos, padres versus profesores, padres versus hijos. Todos se pasan la papa caliente del síntoma social que representa el niño o el adolescente, y casi nadie sabe cómo sentarse con ellos a hablar, a preguntarles qué le pasa, a escucharlos. La grieta se abisma y el malentendido se eterniza hasta producir consecuencias irreparables en algunos casos. El sistema no facilita la parada necesaria para reflexionar.

La exigencia es tal, que se desborda sobre los personajes poniendo en jaque su vida familiar, escenas con las que el director, y guionista, muestra el lado más humano de sus personajes, sensiblemente protagonizados por Vincent Lacoste (Benjamin), François Cluzet (Pierre), Adèle Exarchopoulos (Meriem), William Lebghil (Fouad), Louise Bourgoin (Sandrine) y Lucie Zhang (Sophie).

Finalmente, y, a pesar del panorama crítico, Thomas Lilti logra dejar un buen sabor de boca con su película, al mostrar cómo los enseñantes siguen dando batalla, apalancados en la fuerza de su vocación y en la solidaridad del resto de profesores, que actúan como una red de contención ante las contingencias de una profesión cada día más interpelada en su función social.
Flavia Mercier